En el sector construcción se habla mucho de productividad, plazos, costos y calidad. Pero hay un tema que durante años se dejó en el “algún día”: la educación básica de quienes hacen posible que la obra exista. No por falta de voluntad, sino porque el sistema nunca se adaptó a la realidad del trabajador de obra. Horarios extensos, rotación de proyectos, ingresos diarios y una vida que no permite “irse a estudiar” como si fuera tan simple.