En obra, nadie quiere un cliente que diga: “Eso quedó bonito… pero se escucha todo” o “Mi oficina parece un horno”. Y sí, muchas veces el problema no es el drywall, ni la pintura, ni la mano de obra: es la frescasa que eligieron. Ese aislamiento que casi nadie ve, pero que define si un espacio se siente cómodo o incómodo, silencioso o ruidoso, fresco o caluroso.