En el mundo de la construcción en seco, el éxito de un proyecto no se mide solo por la estructura, sino por lo que el cliente ve al final: una superficie lisa, sin grietas y lista para recibir color. Como alguien que ha pasado años entre planos, cuadrillas y masillas, sé que el dolor de cabeza de cualquier maestro es la «merma» o contracción del producto y esas microfisuras que aparecen cuando la masilla se seca.