En el sector construcción se habla mucho de productividad, plazos, costos y calidad. Pero hay un tema que durante años se dejó en el “algún día”: la educación básica de quienes hacen posible que la obra exista. No por falta de voluntad, sino porque el sistema nunca se adaptó a la realidad del trabajador de obra. Horarios extensos, rotación de proyectos, ingresos diarios y una vida que no permite “irse a estudiar” como si fuera tan simple.
Por eso, cuando un programa logra que más de 1.000 trabajadores de obra completen su educación primaria dentro del mismo proyecto donde trabajan, no estamos ante una anécdota bonita. Estamos ante un cambio de lógica en el sector.
Ese es el caso de Obras Escuela, el programa de alfabetización y educación básica que opera directamente en los frentes de obra de Constructora Capital, y que al cierre de 2025 ya suma 1.058 personas formadas, con 60 nuevos graduados solo en el último año.
Educación que se mete a la obra (y no al revés)
La mayoría de las iniciativas educativas para adultos parten de una idea equivocada: que la persona debe adaptarse al sistema. Obras Escuela hace exactamente lo contrario. El sistema se adapta a la obra.
Las aulas se instalan dentro de los proyectos de construcción. No son salones improvisados ni “clases de relleno”. Son espacios pensados para que los trabajadores avancen en:
- Lectura y escritura
- Matemáticas básicas
- Historia y geografía
- Competencias que fortalecen la autonomía personal
Todo esto sin perder el empleo, sin sacrificar ingresos y con una metodología flexible que entiende la dinámica real del trabajo en obra.
En términos simples: estudiar deja de ser un lujo y se convierte en parte del día a día del proyecto.
2025 en cifras: cuando los números cuentan historias reales
Durante 2025, el programa operó con 13 centros de formación activos entre Bogotá y Medellín, distribuidos así:
En Bogotá
- Ciudadela Alameda
- Ciudadela Alegra
- Ciudadela Belari
- Ciudadela Urbania
- Centriko
En Medellín
- Nature Aqua
- Ciudad de los Parques
- Indigo
- Puerto Sereno
- Luna del Cerro
- Turquesa
- Bulevar Verde
- Entrebosques
En el primer semestre se graduaron 22 trabajadores (6 en Bogotá y 16 en Medellín).
En el segundo semestre, el número aumentó a 38 graduados (12 en Bogotá y 26 en Medellín).
El resultado: 60 trabajadores certificados en 2025, sumando un acumulado histórico de 1.058 personas que hoy saben leer mejor, escribir mejor, hacer cuentas y entender documentos que antes eran un obstáculo silencioso.
Medellín: una experiencia que ya probó su impacto
En Medellín, Obras Escuela no es un experimento reciente. El programa se implementa desde 2009, en alianza con Camacol Antioquia, y ha permitido que 1.022 trabajadores completen su educación primaria.
Esa cifra dice algo importante: esto no es filantropía ocasional. Es un modelo que se sostiene en el tiempo, que se integra a la operación de obra y que demuestra resultados consistentes.
Bogotá: una expansión que ya muestra resultados
En Bogotá, el programa inició en 2024, con el respaldo de Camacol Bogotá y Cundinamarca. En apenas dos años, ya se han graduado 36 trabajadores, consolidando la expansión del modelo educativo en la capital.
Puede parecer un número pequeño frente a Medellín, pero hay que leerlo con perspectiva: es el arranque de un modelo que ya demostró que funciona y que ahora se adapta a un nuevo territorio.
Cuando el logro es personal (y familiar)
Detrás de cada certificado hay una historia que no cabe en un boletín de prensa. Octavio Palacios, graduado de primaria en la escuela Urbania, lo resume sin discursos técnicos:
“Estoy muy agradecido por este logro. Mi familia está muy feliz, este programa ha sido una gran experiencia para nosotros los trabajadores de obra. Me siento muy orgulloso por esta meta alcanzada”.
Ese orgullo no es menor. Para muchos trabajadores, terminar primaria no es solo un papel: es cerrar una deuda personal, poder ayudar a los hijos con las tareas, entender un contrato, leer una especificación técnica o simplemente sentirse capaz.
Educación básica: una decisión estratégica para la obra
Desde la gerencia, este tipo de programas no solo tienen un impacto social. También tienen implicaciones claras en la operación:
- Mejor comprensión de instrucciones técnicas
- Menor error por mala interpretación
- Mayor sentido de pertenencia
- Reducción de rotación
- Mejor clima laboral
Un trabajador que lee mejor calcula mejor y entiende mejor su entorno, trabaja con más seguridad y autonomía. No es romanticismo; es eficiencia bien entendida.
La voz del sector: dignificar para crecer
Pablo Echeverri, presidente de Constructora Capital, lo plantea con claridad:
“Los avances de Obras Escuela demuestran la importancia de acercar la educación a los entornos laborales; para muchos trabajadores este programa representa la primera oportunidad real de estudiar. Como sector, es fundamental seguir apoyando estos procesos que dignifican la vida de las personas y amplían sus posibilidades de desarrollo”.
Ahí hay un mensaje clave para el sector construcción: la educación no es un costo adicional, es una inversión en estabilidad, calidad y futuro.
El rol de las alianzas: nadie construye solo
Obras Escuela no funciona en solitario. Su operación estable depende de la coordinación con entidades aliadas que permiten:
- Integrar nuevos participantes
- Mantener continuidad académica
- Adaptar contenidos a la realidad de obra
- Garantizar calidad educativa
Este modelo colaborativo demuestra que cuando empresas, gremios y educadores se alinean, los resultados dejan de ser simbólicos y se vuelven estructurales.
Más allá del diploma: lo que realmente cambia
El impacto más profundo de programas como Obras Escuela no está solo en el certificado. Está en lo que pasa después:
- Trabajadores que se animan a seguir estudiando
- Mayor confianza para asumir roles de liderazgo
- Mejores conversaciones entre maestro, residente y proveedor
- Familias que ven en la educación un camino posible
En un sector históricamente práctico y empírico, integrar educación básica es dar un paso hacia una construcción más profesional, más humana y sostenible.
Una señal para todo el ecosistema constructor
Que una constructora lleve aulas a la obra manda un mensaje potente: el progreso no se mide solo en metros cuadrados entregados, sino en personas que crecen con el proyecto.
Obras Escuela demuestra que sí se puede educar sin detener la obra, sin discursos grandilocuentes y con resultados medibles. Y deja una pregunta incómoda, pero necesaria, para el resto del sector:
¿Estamos construyendo solo edificios… o también oportunidades?
Porque cuando la obra también enseña, el impacto no se demuele al final del proyecto. Se queda.
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