Impermeabilizar tanques y piscinas en concreto: el agua no perdona obras improvisadas

En tanques, piscinas y estructuras de contención de agua, la impermeabilización no empieza cuando aparece la brocha, el rodillo o el producto milagroso de turno. Empieza mucho antes: en el diseño, la elección del concreto, la formaleta, las juntas, los pasamuros, las corbatas y el control de obra. Esa fue una de las grandes lecciones técnicas de la conferencia del ingeniero Sergio Silva, director de ASA SAS, durante el curso virtual Impermeabilizaciones en concreto: evitando que el agua deteriore las estructuras, organizado en el marco de la agenda técnica de ProcEMCO 26.


Cuando un tanque se filtra, el problema casi nunca es solo “falta de impermeabilizante”

En obra hay una frase que debería quedar escrita en la formaleta: el agua siempre encuentra el camino.

Y cuando lo encuentra, no pregunta si el maestro estaba de afán, si la cinta quedó mal traslapada, si la corbata se cortó a ras o si alguien dejó un pedazo de madera dentro del cárcamo. Simplemente pasa. Y cuando pasa, empieza el dolor de cabeza: manchas, humedades, pérdida de agua, daños en acabados, reclamos del cliente y reparaciones costosas.

Durante la conferencia, el ingeniero Sergio Silva planteó una idea clave para entender este tipo de patologías: si el concreto puede resistir estructuralmente el empuje del agua, ¿por qué tantos tanques presentan filtraciones en sus primeros años? La respuesta, según su análisis, no está únicamente en el espesor del muro, sino en la porosidad del concreto, la calidad del proceso constructivo y el control de los puntos críticos.

En otras palabras: no basta con hacer un muro grueso. Si el concreto tiene hormigueros, juntas mal selladas, pasamuros contaminados o acero demasiado superficial, ese tanque queda condenado a pelear con el agua desde el primer llenado.

Y ya sabemos quién suele ganar esa pelea.


La impermeabilización empieza antes de aplicar el producto

Uno de los mensajes más importantes para maestros, contratistas y propietarios es este: un tanque no se impermeabiliza únicamente al final de la obra.

La impermeabilización real empieza desde la planeación:

  • Qué concreto se va a pedir.
  • Qué sistema de formaleta se usará.
  • Qué tipo de corbatas o separadores se van a implementar.
  • Cómo se sellarán las juntas frías.
  • Qué recubrimiento tendrá el acero.
  • Cómo se van a tratar pasamuros, accesorios y vértices.
  • Qué sistema de impermeabilización interior o exterior exige el proyecto.

Silva fue claro al señalar que, para estructuras que contienen agua, el diseño debe pensarse por servicio, no solo por resistencia. Además, recalcó la importancia del control de fisuración, la baja permeabilidad del concreto y el manejo de la retracción plástica y térmica.

Traducido al lenguaje de obra: no se trata solo de que el tanque “aguante”. Se trata de que no pierda agua, no se deteriore y no se convierta en una reparación esperando fecha.


Primer enemigo: hormigueros y nudos de gravilla

Uno de los problemas más frecuentes en tanques de concreto son los hormigueros o nudos de gravilla en muros. Estos defectos aparecen, entre otras razones, por congestión del acero de refuerzo, mala colocación del concreto, caída libre excesiva o vibrado deficiente.

El problema es que un hormiguero no es una simple imperfección estética. En un tanque, puede convertirse en una ruta directa para la filtración.

Cuando se detectan estas zonas, la recomendación técnica no es maquillarlas con mortero común y seguir como si nada hubiera pasado. Lo correcto es retirar todo el material débil hasta encontrar concreto sano, limpiar adecuadamente el acero de refuerzo y recuperar el espesor original con morteros de reparación de baja contracción, idealmente con resistencia superior a la del elemento intervenido.

Para el propietario de vivienda o administrador de proyecto, esto significa algo muy concreto: si al revisar un tanque aparecen zonas flojas, vacíos o humedad localizada, no acepte soluciones cosméticas. En impermeabilización, tapar por encima sin corregir el origen es como ponerle curita a una tubería rota.


Segundo enemigo: cintas PVC mal instaladas

Las cintas PVC o water stop son elementos usados para controlar el paso del agua en juntas, especialmente entre placa base y muros. Pero si se instalan mal, pasan de ser solución a convertirse en problema.

Entre los errores más comunes están:

  • Malos traslapos.
  • Ausencia de soldadura térmica adecuada.
  • Cintas dobladas durante el vaciado.
  • Perforaciones con alambres para fijarlas.
  • Interrupciones en la continuidad de la cinta.

La conferencia dejó una advertencia muy práctica: si el objetivo de la cinta es controlar el flujo del agua, cada perforación, corte o traslapo mal resuelto se convierte en una posible filtración. Además, reparar una junta con ese tipo de falla suele ser complejo y costoso.

Aquí hay una recomendación directa para contratistas: antes de fundir, revise la cinta como si fuera la firma del contrato. Porque después de vaciar el concreto, ya no hay “deshacer”.


Cintas hidroexpansivas: una alternativa que gana espacio en obra

Como alternativa a las cintas tradicionales, Silva destacó el uso de cintas hidroexpansivas, que actúan como sellos capaces de expandirse al contacto con el agua. Estas tecnologías se usan en juntas frías o uniones hidráulicas, y su instalación puede ser más sencilla para muchas condiciones reales de obra.

Eso sí: más sencilla no significa “hágala como caiga”.

Para que funcionen correctamente, se debe garantizar limpieza del soporte, uso del adhesivo indicado, traslapos adecuados —en la conferencia se habló de rangos entre 5 y 6 cm— y una ubicación lo más centrada posible. También se debe evitar instalarlas con demasiada anticipación si van a quedar expuestas a lluvia, porque pueden expandirse antes del vaciado y generar sobrecostos.

Para ferreterías y depósitos, este punto abre una oportunidad comercial interesante: no basta con vender el producto. Hay que vender también el criterio de instalación, el adhesivo correspondiente, las recomendaciones del fabricante y la asesoría técnica. Ahí es donde el mostrador deja de ser solo mostrador y se vuelve escuela de obra.


Tercer enemigo: acero de refuerzo con poco recubrimiento

En tanques y piscinas, el acero de refuerzo está expuesto a una condición exigente: contacto permanente con agua o ambientes que pueden favorecer corrosión.

Cuando el acero queda demasiado superficial, con recubrimientos insuficientes, empieza una cadena peligrosa: el acero se oxida, aumenta de volumen, fisura el concreto y puede terminar desprendiendo o delaminando la membrana impermeabilizante.

En tanques de agua potable, además, el problema no es solo estructural o estético. También puede comprometer la calidad del agua almacenada.

La recomendación para maestros y contratistas es sencilla, pero exige disciplina: respetar los recubrimientos de diseño, usar separadores adecuados y no improvisar con elementos que luego queden contaminando el concreto.


Cuarto enemigo: pasamuros contaminados y materiales improvisados

En muchas obras, los pasamuros, cárcamos y transiciones se resuelven con lo que aparece a la mano: plásticos, pedazos de madera, elementos de soporte improvisados o residuos que terminan embebidos en el concreto.

Ese tipo de “soluciones” son una invitación abierta a la filtración.

Silva explicó que estos elementos interrumpen la continuidad del concreto y generan caminos para que el agua viaje del interior al exterior, o del terreno hacia el tanque cuando hay nivel freático alto.

Aquí toca decirlo sin anestesia: lo que se deja enterrado en el concreto, tarde o temprano sale a cobrar. Y casi siempre cobra con humedad, reparación y cliente bravo.


Cinco errores que causan filtraciones en tanques y piscinas

  1. Hormigueros en muros: generan rutas directas para el paso del agua.
  2. Cintas PVC perforadas o mal soldadas: dañan la continuidad del sello.
  3. Acero con poco recubrimiento: favorece corrosión, fisuras y delaminación.
  4. Pasamuros contaminados: plásticos, madera o elementos improvisados crean vacíos.
  5. Corbatas mal tratadas: si se oxidan, generan fisuras radiales y puntos de filtración.

Corbatas metálicas: pequeñas piezas, grandes filtraciones

Otro punto crítico en tanques es el tratamiento de las corbatas o tensores metálicos de formaleta. Si se dejan cortados a ras o apenas cubiertos, pueden oxidarse, expandirse y generar fisuras radiales.

La recomendación técnica es generar una caja o picado en forma de V, llevar el corte de la corbata a una profundidad aproximada de 2 a 3 cm y cubrirla correctamente con mortero de reparación. De esta forma se evita que el elemento metálico quede expuesto al ambiente de contacto con agua.

También se mencionó el uso de tapones hidroexpansivos para sellar orificios en separadores plásticos. Estos elementos se introducen en el vacío y, al entrar en contacto con el agua, se expanden para sellar el paso.


Cristalización integral: cuando el concreto también trabaja por dentro

Uno de los temas más interesantes de la charla fue el uso de aditivos por cristalización integral. Esta tecnología no funciona como un recubrimiento externo, sino que actúa dentro de la matriz del concreto, ayudando a bloquear capilares y sellar microfisuras inactivas.

Según la explicación técnica, estos aditivos reaccionan dentro del concreto y generan cristales en porosidades y microfisuras, reduciendo la penetración de agua bajo presión. También pueden mejorar la resistencia química del concreto, algo relevante en piscinas con presencia de cloro o en zonas costeras con exposición a agentes agresivos.

Pero hay que tener cuidado con la expectativa. No es magia de Hogwarts para concreto. Su desempeño es especialmente útil en microfisuras inactivas. En cubiertas, plataformas o elementos sometidos a flexión y movimiento, el resultado puede no ser igual, porque las fisuras siguen trabajando.

La gran lección: la cristalización integral puede mejorar mucho el desempeño del concreto, pero no reemplaza el buen diseño, el control de obra ni la selección correcta del sistema de impermeabilización.


¿Y las piscinas? Ahí la estética también juega

En piscinas, el reto es doble: contener agua y sostener acabados. No basta con evitar la filtración; también hay que garantizar que pañetes, nivelaciones, enchapes, membranas y accesorios funcionen como sistema.

Uno de los errores más graves es aplicar impermeabilización o enchape sobre pañetes sueltos o soportes mal preparados. Si no hay buen perfil de adherencia, el agua se encargará de demostrarlo con desprendimientos, fisuras o pérdida de acabados.

También se debe hacer doble revisión en accesorios como luminarias, eyectores y pasamuros. El concreto no siempre se acomoda perfectamente alrededor de estos elementos, por lo que pueden quedar vacíos críticos. Una alternativa mencionada fue usar sellos hidroexpansivos como respaldo antes del vaciado para reforzar esos puntos débiles.

Y atención con el llenado: la recomendación técnica presentada fue llenar la piscina a razón de una pulgada por hora, evitando llenados bruscos con carrotanques que puedan generar esfuerzos excesivos, deformaciones, fisuras o incluso afectaciones por choque térmico en zonas de alta temperatura.


¿Qué sistema usar en piscina?

La elección depende del tipo de piscina:

Para piscinas aéreas, se mencionaron membranas de PVC expuestas o sistemas tipo liner. Si la piscina va enchapada, pueden usarse membranas líquidas con buena elongación, siempre que permitan una adecuada adherencia del enchape.

Para piscinas enterradas, pueden evaluarse membranas líquidas con enchape o sistemas cementicios de impermeabilización, dependiendo del nivel de exposición y movimiento esperado.

El punto clave es que la decisión no se debe tomar solo por “qué impermeabilizante es bueno”, sino por la compatibilidad completa del sistema: soporte, membrana, adhesivo, enchape, movimiento, exposición química y uso final.


La lección para maestros, propietarios y ferreterías

Para el maestro o contratista, esta conferencia deja una conclusión poderosa: la impermeabilización es un oficio técnico, no una última mano de producto.

Para el propietario, deja una alerta: cuando contrate un tanque o una piscina, no pregunte solamente “qué producto van a aplicar”. Pregunte cómo van a resolver juntas, pasamuros, corbatas, accesorios, recubrimientos, llenado y control de fisuras.

Para ferreterías y canal especializado, deja una oportunidad: el mercado necesita más asesoría técnica. Vender impermeabilizantes sin explicar preparación, compatibilidad y protocolo de instalación es vender medio problema.

Al cierre, Sergio Silva resumió el mensaje en una palabra: planeación. Antes de construir, todos los actores deben saber qué formaleta se usará, qué corbata se implementará, qué sistema de impermeabilización se instalará y qué requerimientos tendrá cada etapa. Cuando la obra se maneja apagando incendios, el resultado suele ser más costoso y menos confiable.

En impermeabilización, improvisar sale caro. Y el agua, como buen inspector de obra, no firma recibido hasta encontrar el error.

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