La humedad ascendente por capilaridad es, sin duda, uno de los enemigos más silenciosos y destructivos en cualquier proyecto de remodelación o construcción. No hay nada más frustrante para un maestro de obra o un contratista que entregar un acabado perfecto de pintura o estuco, solo para ver cómo, a los pocos meses, aparecen esas molestas manchas blancas de salitre o el revestimiento comienza a soplarse y caerse.