En mis años recorriendo proyectos, desde grandes edificaciones residenciales hasta remodelaciones de viviendas unifamiliares, he notado que uno de los dolores de cabeza más frecuentes para el maestro de obra es el acabado final de los muros. Fisuras que aparecen a los dos días, superficies que consumen galones y galones de pintura, o mezclas que se secan antes de poder extenderlas, son el pan de cada día.