En el día a día de la construcción, todos sabemos que el concreto, por muy firme que parezca, tiene sus «mañas». Los cambios de temperatura o el contacto con químicos fuertes pueden hacer que aparezcan esas fisuras que tanto dolor de cabeza nos dan en los acabados epóxicos. Como ingeniero y también como alguien que se ha ensuciado las botas en la placa, les digo: no hay nada peor que entregar un tanque o un piso industrial y que a los pocos meses nos llamen porque el recubrimiento se sopló o se agrietó.