Como alguien que ha pasado años entre planos, cascos y botas de seguridad, sé que uno de los mayores dolores de cabeza en una obra es lograr que los metales se queden donde deben estar. Ya sea instalando un remate de cubierta, pegando láminas de acero corrugado o uniendo piezas de cobre, la dilatación térmica y la corrosión suelen jugarnos malas pasadas.