Trabajar con vidrio no perdona errores. Un corte, un resbalón, una mala manipulación o un descuido con solventes… y la obra termina en una historia que nadie quiere protagonizar. Por eso, los equipos de protección personal (EPP) no son un accesorio ni un “por si acaso”: son la barrera real que separa un día productivo de un accidente grave.