Octavio Cortés García: 55 años de oficio y cinco consejos que todavía valen en obra

Empezó abriendo chambas en Bosa y hoy concentra su oficio en pintura e impermeabilización. Octavio Cortés García dice acumular cerca de 55 años de experiencia en construcción. Conversamos con él en el marco de la Gran Feria de la Capacitación de Homecenter Constructor, un espacio que reúne a Maestros, especialistas y marcas alrededor de la formación, la actualización técnica y las nuevas soluciones para el oficio. Su historia deja cinco lecciones para cualquier Maestro: capacitarse, adaptarse a nuevas herramientas, trabajar con seguridad, responder por el acabado y cuidar la palabra frente al cliente.

Cuando Octavio Cortés García entró a la construcción, el trabajo comenzaba con maceta y puntero. Con amigos que ya vivían en Bogotá aprendió desde las labores más pesadas hasta la terminación de viviendas. Su primer recuerdo de obra está en Bosa: abrir zanjas, levantar, terminar y dejar los espacios listos para que la gente pudiera habitarlos.

Con los años fue ampliando el oficio. Hoy se desempeña principalmente en pintura, impermeabilización y remates, esos trabajos que muchas veces definen si una entrega queda bien cerrada o termina en reclamo. En conversación con A La Obra Maestros, insistió en algo que atraviesa toda su experiencia: en construcción nadie termina de aprender.

Aprender mirando sirve, pero capacitarse mantiene vigente al Maestro

Octavio cuenta que buena parte de su aprendizaje nació de observar cómo trabajaban otros, preguntar y repetir procesos hasta dominarlos. Pero también destaca el valor de los cursos y espacios de capacitación. Su razón es sencilla: los materiales cambian, aparecen nuevas herramientas, cambian los sistemas de aplicación y el profesional que no se actualiza se queda ejecutando como hace veinte o treinta años.

“La construcción cada día va cambiando. Van saliendo nuevos productos y toca irse actualizando”.

Ese mensaje tiene una aplicación directa para el Maestro que vive de su reputación: no basta con saber hacer; hay que saber qué cambió y cuándo una técnica anterior ya no aplica igual. La capacitación también ayuda a leer fichas técnicas, entender limitaciones de producto y evitar improvisaciones que luego se convierten en garantía o reproceso.

De la maceta al taladro: el oficio cambia y el profesional debe cambiar con él

Entre los cambios que más recuerda están las herramientas. Antes, dice, muchas tareas dependían casi por completo de maceta y puntero. Después llegaron equipos eléctricos y maquinaria que redujeron esfuerzo y aceleraron procesos. Menciona, por ejemplo, el taladro eléctrico y el uso de equipos mecánicos para acabados de pisos.

La lección no es que una herramienta nueva haga automáticamente mejor el trabajo. Lo importante es entender para qué sirve, cómo se opera y qué acabado permite obtener. Una máquina puede mejorar productividad, pero mal usada también puede dañar una superficie, aumentar desperdicio o dejar un resultado peor que el método manual.

En pintura e impermeabilización, el acabado empieza antes de abrir el tarro

Octavio también trabajó en zonas petroleras como Barrancabermeja y Arauca. Allí recuerda procesos de preparación de superficies metálicas antes de aplicar anticorrosivos y recubrimientos. Aunque algunos términos de la conversación requieren precisión técnica antes de convertirse en procedimiento, el principio es correcto y sigue vigente: la pintura no corrige una mala preparación de superficie.

Para cualquier trabajo de pintura o impermeabilización, el profesional debe verificar el estado del sustrato, la presencia de humedad, contaminación, óxido, fisuras o desprendimientos, y confirmar en la ficha técnica qué preparación, imprimación, tiempos y condiciones exige el sistema que va a aplicar.

En impermeabilización la precaución es todavía mayor: una mancha o una humedad visible no identifica por sí sola la causa. Antes de sellar o recubrir hay que distinguir, cuando corresponda, entre filtración, falla de junta, fisura, fuga, ingreso por fachada o cubierta, condensación u otra patología. Tapar el síntoma sin corregir el origen casi siempre aplaza el reclamo en lugar de resolverlo.

Su consejo sobre alturas necesita una precisión clave: concentración sí, improvisación no

Una de las recomendaciones más insistentes de Octavio es mantener la concentración cuando se trabaja en alturas. Cuenta que ha visto accidentes graves y recuerda especialmente la caída de un andamio colgante en el que varias personas resultaron afectadas. Esa experiencia explica por qué insiste en evitar distracciones, incluido el celular, durante una maniobra de riesgo.

Pero la concentración nunca reemplaza un sistema de protección contra caídas. Los trabajos en alturas deben realizarse con personal capacitado, EPP adecuado, equipos inspeccionados, puntos y sistemas de anclaje previstos para la tarea y cumplimiento de la normativa vigente. Si el frente no ofrece condiciones seguras, la decisión profesional no es “tener más cuidado”: es detener la labor hasta controlar el riesgo.

Responderle al cliente no significa aceptar cualquier cambio sin dejarlo claro

Octavio resume su relación con los clientes con una idea tradicional: cumplir la palabra y responder cuando algo queda mal. Para él, si el cliente señala una falla atribuible al trabajo ejecutado, el Maestro debe dar la cara y corregir.

Ese criterio sigue siendo valioso, con una precisión comercial importante: responder por el trabajo no significa asumir gratis cambios de alcance, daños de terceros o solicitudes que nunca estuvieron cotizadas. La mejor defensa de la relación con el cliente es dejar claro desde el principio qué incluye el trabajo, qué no incluye, qué materiales se usarán, qué condiciones debe aportar el inmueble y cómo se manejarán adicionales y garantías.

La palabra vale, pero una cotización clara también protege la palabra.

Cinco consejos de Octavio Cortés García para quienes empiezan en construcción

  • Capacítese de forma continua. Los productos, equipos y métodos cambian. Aprender una sola manera de hacer las cosas no alcanza para toda una vida laboral.
  • Observe a quienes saben. Mirar un buen procedimiento en obra ayuda, siempre que después se confirme por qué se hace así y cuáles son sus límites.
  • No improvise con la seguridad. En alturas y otras tareas de alto riesgo, la experiencia no sustituye capacitación, EPP ni controles adecuados.
  • Responda por el acabado. Si una falla corresponde a la ejecución, corregirla protege la reputación y la posibilidad de recomendación.
  • Cuide la confianza entre colegas y clientes. Herramientas, compromisos, pagos, tiempos y responsabilidades deben manejarse con claridad. La confianza también es un activo del oficio.

¿Qué mensaje deja a la nueva generación?

Octavio ve con preocupación que pocos jóvenes se acercan al oficio con intención de permanecer, aprender y asumir la exigencia física y técnica que implica. Su invitación es concreta: aprovechar los cursos y espacios de formación para adquirir conocimiento y, en sus palabras, “cogerle amor al trabajo”.

Más allá de la nostalgia por cómo se trabajaba antes, la historia de Octavio deja una idea útil: la experiencia vale más cuando no se convierte en costumbre rígida. Un Maestro con décadas de oficio todavía necesita actualizarse, revisar cómo cambian los productos, entender nuevas herramientas y trabajar cada vez con mejores criterios de seguridad y servicio.

Para quien apenas empieza, ese puede ser el mejor atajo: aprender de quienes ya recorrieron el camino, pero sin heredar improvisaciones. Técnica, seguridad, capacitación y cumplimiento deben crecer al mismo tiempo.

La Gran Feria de la Capacitación: donde la experiencia se encuentra con lo nuevo

La conversación con Octavio Cortés García se realizó en el marco de la Gran Feria de la Capacitación de Homecenter Constructor, un escenario que precisamente busca acercar a los Maestros a nuevas soluciones, productos, herramientas y conocimientos aplicables al trabajo diario.

Y ahí la historia de Octavio cobra todavía más sentido. Después de cerca de 55 años en la construcción, sigue defendiendo la misma idea: quien quiere mantenerse vigente en el oficio tiene que seguir aprendiendo. La experiencia da criterio, pero la capacitación permite actualizarlo.

Ese encuentro entre trayectoria y conocimiento nuevo es, en buena medida, lo que representa la Gran Feria: Maestros que ya han recorrido un largo camino y nuevas generaciones que pueden aprovechar esos aprendizajes para construir mejor, trabajar con mayor seguridad y fortalecer su oficio.

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