Las vallas puedes ayudarle a separar espacios

La valla es un elemento fundamental para el buen acabado de nuestra vivienda. Es nuestra tarjeta de presentación al exterior, y por ello no solo deberemos buscar la funcionalidad, sino que es muy importante la estética.

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Antes de encargar una valla, es recomendable plantearse tres preguntas que permitirán acertar en la elección final:

1º.- ¿Cuál es nuestro objetivo?

Es posible que se quiera la valla para delimitar la parcela, realizar la separación con un vecino, dotar de seguridad a nuestra vivienda, utilizarla como elemento decorativo o una combinación de varias de estas cosas.

Una vez que tengamos esto claro, ya podemos esbozar un diseño previo, teniendo en cuenta también otros factores, como por ejemplo, las características del espacio en el que se va a integrar.

2º.- ¿Cuál es el presupuesto?

Una vez ya tenemos determinada la funcionalidad y la forma general de la valla, llega el momento de ajustar el presupuesto. En función del metraje y el diseño general podemos estimar un precio inicial. El ajuste del presupuesto ya depende de la selección de los materiales a emplear.
Hay materiales más indicados para unas funcionalidades que para otras.

Por ejemplo, para grandes extensiones que solo buscan la delimitación de la parcela o el bloqueo de paso, podría ser suficiente con vallas metálicas de tensión, o si la separación que buscamos es interior y enclavada en un ambiente rústico, la valla de madera puede ser una buena solución.

Si se quiere intimidad es recomendable el uso de paneles, si el principal objetivo era el diseño, materiales como el hierro y el aluminio nos ofrecen mayores posibilidades.

3º.- ¿Qué mantenimiento quiero hacer?

Respondiendo a las dos preguntas anteriores ya deberíamos tener claro cómo va a ser nuestra valla. Sin embargo, no debemos olvidar un último detalle importante: qué materiales usaremos y cómo lo vamos a mantener.

Los elementos de vallado suelen ser instalaciones que van a permanecer durante bastantes años, por lo que es básico tener claro cuál va a ser el tipo de mantenimiento que estamos dispuestos a aplicar. Si se usa productos plásticos o de PVC también debemos tener en cuenta qué, aunque no precisan mantenimiento, su degradación estética será mayor que con otros materiales, sobre todo por el efecto del sol y el calor.

Si lo que se pretende es tener un mantenimiento mínimo, la mejor solución la encontramos en el aluminio y el hierro. Materiales robustos, resistentes a los efectos adversos de la climatología, y que precisan muy poco trabajo para mantenerlo en óptimas condiciones. Por ejemplo, en el caso del hierro, bastaría con aplicarle una capa antióxido cada cinco años aproximadamente.

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