El momento es ahora

Comencemos por el final. Los invito a pensar en un país en que las mujeres aspiren a roles distintos en la sociedad y en que los hombres apoyen esas aspiraciones, ¡su hogar puede ser el primer espacio para promover esta idea!

Por: Karina Morales Rodríguez
Gerente de mercadeo con amplia experiencia en el desarrollo de planes de alto impacto para compañías del sector de la construcción e industrial.

Ustedes y yo sabemos que nuestra cultura está llena de una cantidad de sesgos sobre lo que las mujeres y hombres “tienen” que hacer o lograr en su vida, aprendidos desde la infancia y reforzados a lo largo de los años. A pesar de que se oye por todos lados que hay que apoyar la igualdad de género, sabemos que es duro cambiar lo que ocurre en la mente de las personas. Así que permítanme hablarles sobre el empleo, ese oficio que buscamos todos los días para alcanzar el bienestar familiar.

Cuando se habla de oportunidades de ocupación para las mujeres, resulta que no hay suficientes empleos de calidad para aprovechar el talento y potencial que tienen; algunas logran prestaciones sociales y pocas aseguran un ingreso digno. Según el DANE, en el sector de la construcción se ofrecen 1,5 millones de empleos directos, 2,1 indirectos y solo cerca del 8% del total de ocupados son mujeres. En detalle, las que tienen el chance de estudiar optan por ser arquitectas, delineantes, inspectoras de obra o supervisoras de seguridad; las que aprenden empíricamente, empiezan como aseadoras y luego con cursos técnicos son pintoras, enchapadoras y ayudantes de construcción.

Cuando se identifican barreras laborales, aparece la renombrada sobrecarga por el trabajo doméstico y de cuidado, que afecta más a mujeres de escasos recursos, migrantes, jefas de hogar y habitantes de zonas rurales, según Includere1. Reconocer este hecho tan sensible, lo cambiaría todo. Reducir y redistribuir las tareas en la casa, extender las licencias por paternidad, horarios flexibles, guarderías dentro de empresas, son solo algunas salidas.

Cuando se pregunta por la segregación ocupacional, pasa que aun cuando las mujeres ingresan a trabajar, no suelen llegar a cargos masculinizados porque se duda de sus capacidades, sufren de acoso callejero o sexual y no pasan las evaluaciones de riesgos laborales. Por eso es forzoso incluir mujeres en los procesos de selección y tener objetivos para contratar y patrocinar su desarrollo profesional.

Digamos la verdad: las circunstancias socioeconómicas de las mujeres han sido peores desde siempre, hay más informalidad, se ven más altos niveles de desempleo, peores condiciones de contratación y trabajo no remunerado. El entorno es más vulnerable, limita el desarrollo de su proyecto de vida y un reconocimiento digno. Aceptemos todo lo anterior como una deuda histórica y terminemos por el principio.

A pesar de que las mujeres representan más de la mitad de población, siguen siendo orientadas solo a ciertas ocupaciones y sectores. La cadena de la construcción tiene la gran capacidad de crear puestos de trabajo por la intensidad con la que requiere mano de obra y la posibilidad de promover la formación técnica de mujeres de acuerdo a lo que el mercado necesita. El camino es largo y no queda más que insistir en un cambio cultural, persistir con pedagogía y nunca desistir en la práctica.

1.INEI 2020-2021 Informe Nacional de Trabajo Inclusivo
elaborado por Includere, una iniciativa de la Fundación
Corona

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