Andrea Muñoz

Eliecer Pico Cano, 36 años haciendo de su trabajo su mayor pasión

Con años de dedicación, disciplina y constante capacitación, este bumangués de corazón, se ha convertido en un maestro del estuco y la pintura. Por: Tatiana Bahamón Méndez

Fotografías: Andrea Muñoz / Cortesía: Eliecer Pico Cano

Eliecer empezó como muchos trabajadores que se dedican actualmente a este oficio, siendo ayudante de oficiales y a una temprana edad. Cada paso dado fue lento pero seguro, lo cual le ha otorgado hoy en día un conocimiento integral de las diferentes ramas del sector.

¿Pero cómo llegó a la construcción? Para darles a conocer su historia, empezaré contándoles que Eliecer es oriundo del Cesar y allí vivió junto con sus 7 hermanos y sus padres durante 8 años de su vida en una finca donde abundaban los frutos, los sonidos característicos del campo y por supuesto, el trabajo arduo. Hoy en día recuerda con añoranza aquella época porque le evoca aquellos momentos en que junto con sus hermanos era feliz ayudando en las labores del campo, caminando largos kilómetros para llegar a la escuela y jugar con los animales.

La vida de esta familia cambió en el momento en que fuerzas armadas los obligaron a huir de sus tierras sin razón alguna y dejar todo lo que en su momento consideraban su vida entera. Aquel suceso los llevó a desplazarse hasta Bucaramanga y empezar de ceros.

Fotografía: Cortesía Eliecer Pico Cano

En esa transición que tuvieron de pasar del campo a la ciudad, un vecino al ver la situación que estaba pasando la Familia Pico Cano, le propuso a Eliecer que trabajara para él como ayudante. Así fue su primera experiencia en la construcción y no le fue nada mal, durante un año y medio adquirió muchos conocimientos de su maestro y de los demás trabajadores con los que se encontraba en las obras.

Algo que cabe resaltar es que gracias al dinero que recibía como ayudante de obra, pudo ayudar a su familia con algunos gastos del hogar y también estudiar en la nocturna hasta el grado octavo de bachillerato.

A sus 22 años encontró su verdadera pasión en la construcción: los acabados, en especial, todo lo relacionado con el estuco. “Desde el momento en que conocí el estuco quise seguir trabajando en esto porque me gusta la decoración y la manera en que este le da confort y elegancia a los espacios” indica Eliecer.

No existen barreras para el que desea aprender

No existen barreras para el que desea aprender y eso se refleja en la historia de este maestro. Cuando empezó a fascinarse con la labor de estucar, en las obras que trabajaba aprovechaba la hora del almuerzo y sigilosamente se las ingeniaba para estucar los antetechos sin que nadie se diera cuenta, pues no se lo permitían. Muchas veces fue descubierto y sus regaños se ganaba, sin embargo, para él eso no era ningún impedimento.

Un día decidió empezar a trabajar como independiente en aquel arte que tanta curiosidad le había generado y desde ahí empezó a capacitarse con diferentes marcas del mercado y también con el Sena.

Al que le gusta le sabe

Un día de Eliecer inicia cuando el reloj marca las 5:30 am y acompañado de un tinto bien cargado se prepara para posteriormente ir a cumplir con el deber.

Fotografía: Cortesía Eliecer Pico Cano

Aunque son jornadas extensas y arduas de trabajo, para este maestro no hay nada mejor que hacer lo que le apasiona y regresar a casa para encontrarse con su amada familia.

“Yo siempre llego a mi casa tipo 7 u 8 de la noche, me quito mi traje de gala, me siento en el sofá y luego me atienden con un tintico, eso es lo mejor que hay ” agrega.

Desparpajado y muy familiar es Eliecer Pico Cano, quien ya suma 36 años de experiencia haciendo lo que le gusta, y lo que él considera que fue lo mejor que le pudo haber pasado, pues gracias a su trabajo ha podido sacar a su familia adelante. Aunque no le gusta pensar ni preocuparse por el mañana, espera seguir laborando en esto que es lo que tanto ama.

“De las enseñanzas más grandes que me ha dejado el trabajar en la construcción es que uno debe tener sentido de pertenencia, amar cada detalle y trabajar honradamente si se quieren ver los frutos” concluye.

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