Juan Ignacio Dejean, de radiólogo a maestro de la construcción

Se preguntarán, ¿Cómo un radiólogo pasa a trabajar con sistema liviano en seco? Y aunque no sea muy usual, esa es la historia de Juan Ignacio, quien después de trabajar gran tiempo en el sector de la salud, conoció su verdadera pasión.

Por: Tatiana Bahamón Méndez

De niño en la mente de Juan nunca rondaba el pensamiento de ¿qué voy a ser cuando sea grande?, por lo contrario, solo quería jugar y divertirse. Al llegar al bachillerato su padre que en ese entonces era arquitecto en el Ministerio de Educación en Argentina y director de arquitectura de escuelas regionales y rurales, además de trabajar como profesor de dibujo técnico, le dio un gran consejo “estudie una carrera que le guste porque únicamente así las cosas las hará bien y con gusto”.

Fotografía: Cortesía Juan Ignacio Dejean

En ese entonces tenía una imprenta pequeña y siguiendo el consejo de su padre, al terminar el bachillerato entró a una escuela técnica de publicidad. Por aquellos días en medio de una conversación con un viejo compañero de la escuela quien trabajaba en medicina nuclear le surgió la idea de estudiar radiología y así sucedió. Estudió radiología y al culminar sus estudios realizó las prácticas en un hospital materno infantil y finalmente quedó como técnico externo del hospital. Trabajó en una clínica de oncología, se capacitó en mamografía, ecografía y TAC, y poco a poco fue ampliando su experiencia en el área.

Una caja llena de sorpresas

Después de trabajar arduamente en el hospital durante un buen tiempo, Juan juntó sus vacaciones y se puso en la tarea de buscar un sitio para disfrutarlas lejos de casa. Recurrió a una agencia de viajes y ahí tomó la decisión, San Andrés, la isla colombiana de mar Caribe sería su destino.

El día llegó, viajó y al cabo de unos días partió de San Andrés hacia Cali, la Sucursal del cielo, donde conoció a una mujer que le robó grandes suspiros. Viajaron a Cartagena, pasaron juntos el tiempo de vacaciones que restaba y antes de marcharse hacia su país, Juan le propuso matrimonio y como respuesta obtuvo un sí.

Fotografía: Cortesía Juan Ignacio Dejean

Con emoción viajó a Buenos Aires a dar por terminado su contrato en el hospital y la clínica donde laboraba para poder regresar al país donde lo esperaba una colombiana que próximamente se convertiría en su esposa. Después de 3 años de casados y residir en Colombia, su esposa que trabajaba en el Centro Administrativo Municipal de Cali CAM por un recorte de personal se terminó su contrato y la situación económica los llevó a tomar decisiones drásticas, el argentino emprendió vuelo con rumbo hacia Estados Unidos en búsqueda de una oportunidad laboral y así aportar económicamente a su hogar, pues los gastos no daban espera.

Un paso a la construcción

Con mucha esperanza y las ganas latentes de trabajar, en Estados Unidos empezó a tocar puertas hasta que una de ellas se abrió, empezó a trabajar con el sistema liviano en seco y poco a poco fue aprendiendo algo de plomería y electricidad.

Fotografía: Cortesía Juan Ignacio Dejean

Al cabo de 3 años regresó a Colombia y con los ahorros adquiridos en todo ese tiempo, montó una tiendalicorera. Ustedes tal vez pensarán que ahí terminó su etapa relacionada con el sector constructor, pero no es así, en ese entonces un amigo de su cuñado tenía una constructora y le propuso trabajar ahí en dos proyectos manejando el almacén y no dudó en aceptar. Mientras trabajaba en aquel lugar, se hizo amigo de un contratista del cual fue adquiriendo grandes conocimientos y cuando las obras llegaron a su fin, empezó a trabajar en carpintería, pues durante su estadía en EEUU laboró con personas que fabricaban e instalaban muebles para cocina; fue así como aprendió a armarlos e instalarlos.

Aunque para algunos el pasar de trabajar en una especialidad médica a hacerlo desde la construcción puede ser descabellado, Juan Ignacio comenta que, aunque fue un gran cambio, él siempre tuvo en su mente las palabras de su padre y es por ello que siempre lo ha hecho con compromiso tratando de hacer todo de la mejor manera.

Tiempo para capacitarse

Mientras Juan trabajaba en la carpintería, fue surgiendo en el la necesidad de capacitarse y así fue como conoció la Cámara Colombiana de la Construcción CAMACOL y el programa para maestros, un espacio para aprender sobre procesos constructivos, conocer materiales y estar a la vanguardia de las exigencias del sector.

La capacitación suma y eso él lo tenía claro, es por eso que se certificó con el SENA y SODIMAC en sistema de construcción liviana en seco, plomería, electricidad básica domiciliaria e hidráulica; y además, siguió asistiendo a las charlas que realizaba Camacol con marcas aliadas.

“Nosotros tenemos que aprender a estar siempre actualizados e informados de las nuevas técnicas, tecnologías y materiales que utilizamos en la construcción. Hay que aprovechar las oportunidades que brindan algunas empresas vinculadas a este gremio para que nosotros seamos cada vez mejores profesionales” señala el porteño.

Del trabajo al hogar

A sus 59 años este argentino además de dedicarse a realizar remodelaciones en panel yeso y reparaciones locativas, vive junto a su esposa, sus gatos y sus dos hijas perrunas, Lunita y Zara, en La Cubre, un bello municipio al norte de la ciudad de Cali; donde pasa sus días arreglando los jardines, sembrando una huerta y cuando le sale algún trabajo se desplaza hasta Cali a cumplir con la labor.

Fotografía: Cortesía Juan Ignacio Dejean

En sus años de experiencia ha aprendido a estar siempre un paso adelante en sus labores y en su vida personal. Además, algo que siempre tiene presente es que nunca es tarde para aprender y es por ello que aún en esta época de pandemia busca la manera de hacerlo virtualmente.

“Todo avanza y uno también tiene que hacerlo, no nos podemos quedar atrás” concluye el maestro oriundo de Argentina.

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